Cuando nuestra pareja comienza a cambiar de actitud sin que encontremos explicación, empezamos a pensar en una posible infidelidad.
¿Cómo estar seguros?
Existen numerosos estudios sobre la infidelidad.
Motivos, países donde más sucede, estadísticas entre hombres y mujeres…
Por lo general coincidimos en que las actitudes en torno al sexo se han relajado significativamente estas últimas décadas, que la sociedad es más liberal.
Ennn 20 años, nuestro comportamiento –pero también nuestra actitud– hacia el engaño ha cambiado sensiblemente.
Enn 1995, el Centro de Investigaciones Sociológicas publicó una encuestasobre los usos y costumbres de los españoles.
En ella, el 90% de los encuestados declaraba que jamás había sido infiel a su pareja. Es más, el 84% ni siquiera lo había deseado.
Tan solo un 15% de los hombres y un 3% de las mujeres confesaba haber sido desleal a la pareja.
13 años después, la última encuesta de la que tenemos constancia, la de 2008, mostraba que el porcentaje había aumentado sensiblemente; en concreto, un 26,8% para ellos y un 8,2% para ellas.
Curiosamente,
la infidelidad también varía dependiendo del lugar en el que vivas. En las capitales de provincia resulta más fácil escabullirse de la cama propia y colarse en la ajena, por lo que Madrid (con el 12,9% de usuarios del portal) y Barcelona (8,5%) aglutinan buena parte de la cornamenta patria, seguidas de Valencia (5,4%), Sevilla (5,1%) y Palma de Mallorca (3,8%).
Cómo pillarles
¿Es tan sencillo ocultar una infidelidad? Tras haber tenido sexo, los hombres se muestran contentos, satisfechos y con los ojos brillantes. Ellas son más impredecibles, ya que esas actitudes se pueden mostrar también cuando realizan otras actividades como ir de compras o un trabajo bien hecho.
Te mostramos algunas de las señales a las que debes estar atento si quieres saber si tu pareja acaba de tener secso con otra personas que no eres tú: No tiene ganas.
Aunque suene a tópico, en el caso de ellas es algo más normal. El deseo sexual y la excitación tienen su origen en el hipotálamo (la parte más primitiva del cerebro) donde se dan una serie de conexiones y reacciones químicas que hacen que el cuerpo esté preparado –y deseoso– de practicar sexo.
Hasta ahora se sabía que, en ambos secsos, en esta reacción biológica influye principalmente el aumento de los niveles de testosterona en la sangre. Sin embargo, parece que surge una diferencia más entre hombres y mujeres.
Debes estar atento a todo
Son mas detallistas. Si tu pareja aparece un día conun regalo inesperado y es de los/las que jamás en vuestra relación lo ha hecho, empieza a sospechar. La culpabilidad les come. Te hace regalos más caros y sin razón aparente. Te da besos porque sí o se te queda mirando embobado.
Sospecha: se siente culpable y quiere aliviar su conciencia tirando de tarjeta o de romanticismo.
Cambios bruscos en el humor. Las personas infieles suelen tener un gran cargo de conciencia que les lleva a tener cambios bruscos de humor.
De repente tu pareja es muy dulce y atenta contigo, y al segundo se coge una rabieta del quince por algo que has hecho mal, a su parecer.
Esto le ocurre sobre todo a las mujeres que engañan a sus parejas, pues los hombres llevan mucho mejor este doble juego.
Más felices.
“Hay una conocida región del cerebro que está involucrada en la sensación de felicidad”, explica el doctor Paul Thompson, profesor de neurología de la Universidad de California.
“Se llama el sistema límbico, que está en las profundidades del cerebro, y es más activo cuando recibimos alguna recompensa.
Ellll mismo sistema se activa con el sexo, las drogas o el juego, básicamente con cualquier cosa que nos haga disfrutar”
Tiene mucho sueño.
Ell cuerpo quiere relajarse después de hacer el amor, por ello el sexo es un buen recurso si se tienen problemas de sueño. Según el doctor Ghosh, un buen orgasmo produce en los hombres efectos equivalentes a tomar entre tres o dos miligramos de diazepam (Valium), y es por ello que la mayoría se quedan fritos justo después de hacer el amor.
Las mujeres, sin embargo, permanecen más tiempo estimuladas tras hacer el amor, por lo que les cuesta más relajarse tras la práctica secsual. A ellas, en cierta medida, el secso les despierta, aunque el efecto “despertador” no dura demasiado tiempo.
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